Angrious se diseñó como una canción. Los colores vienen de una escala de guitarra, las animaciones siguen un tempo de 120 pulsaciones por minuto, la retícula se cuenta en compases y hasta el espaciado entre los elementos se mide en notas. Vale para todo lo que lleva la marca: la web, los posts, los vídeos y las fotos. La Cara B es el espacio de los entresijos, y empiezo por los de la propia marca.
La idea
Todo partió de una pregunta: si las reglas que hacen que una canción funcione valieran también para los colores, las formas y el movimiento, ¿tendría el resultado la misma coherencia? La apuesta es que sí: una marca construida así es más divertida de hacer y más fácil de reconocer.
El primer modelo fue el propio instrumento. Angrious tiene seis canales (Música, Shows, Games, Tecnología, Cara B y Nosotros), y están dispuestos como las seis cuerdas de una guitarra vista de frente.
El tono: blues-rock en mi
En los colores, la idea fue leer el círculo cromático como el círculo de quintas, la rueda que usan los músicos para ver qué notas y acordes combinan entre sí. La escala elegida fue la pentatónica de mi menor, la más tocada del rock. Pero en el círculo de quintas cada nota ocupa 30 grados, y las cinco notas de la pentatónica quedan contiguas: los colores saldrían demasiado parecidos. La solución fue repartirlas en un pentágono, a 72 grados una de otra, con el mi en el rojo del logo.
Cada nota es un grado de la escala, y cada grado es un canal, en el orden de las cuerdas. El mi grave, grado I, es la Música. El la, grado IV, son los Shows. El re, grado ♭VII, los Games. El sol, grado ♭III, la Tecnología. El si, grado V, la Cara B. Y el mi agudo es el propio rojo del logo, que se queda con Nosotros. Por eso la paleta no tiene nombres como «rojo» o «azul»: cada color se llama por su grado.
La armonía de fondo es la de mi mixolidio, el modo del rock, de donde vienen los grados I, IV y ♭VII. El ♭III queda fuera de ese campo a propósito: es la blue note, la nota que da al blues su sabor, y es el color de la Tecnología.
Después viene el timbre. Cada color se desplaza un 18 % hacia el rojo del logo y gana un 30 % de saturación. Por último, todos reciben una luz roja, como un escenario iluminado con gelatinas, que añade otro 12 % de rojo a cada uno. Eso es lo que hace que cinco colores tan distintos parezcan de la misma familia. A algunos se les hicieron además ajustes a mano para acercarlos al espíritu de la marca, pero la idea principal viene de aquí.
El ritmo: 120 BPM
El tempo de la marca es de 120 pulsaciones por minuto. Cada animación dura una figura musical, y las curvas de movimiento llevan nombres de envolvente de sonido, como attack, sustain y release.
Como todo deriva del tempo, cambiar los BPM reescala la marca entera. Así una submarca, como Noel O' Rand o Impermanentes, puede tener su propio ritmo sin salir de la familia.
El compás: retícula y espaciado
La retícula también sigue la métrica. En el móvil, cuatro columnas, un 4/4. En la tableta, ocho, las corcheas. En el ordenador, doce, un 12/8, el compás del shuffle. Y la escala de espaciado acabó coincidiendo exactamente con las duraciones rectas y con puntillo de una unidad de 4 píxeles: 4, 8, 16, 32 y 64 por un lado; 12, 24, 48 y 96 por el otro.
En directo, no de estudio
La textura de la marca viene del rock impreso: tarjetas con papel y borde rasgado, fotos con trama, duotono y aspecto de fotocopia. No todo pasó la prueba: el rasgado llegó a aplicarse a los botones, pero se quitó, porque ahí parecía un defecto.
En las redes, la regla es la de una grabación en directo, no la de estudio. El contenido manda y el diseño acompaña, con un único gesto bruto por pieza. La apertura animada del logo, claro, también va a 120 BPM.
La música no está solo en lo que publica Angrious, está en la manera en que se hizo la marca. Para seguir los entresijos y las novedades, sigue a Angrious en Instagram, @angrio.us.
